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Puerto Candelaria
Un lugar excéntrico, colorido, introspectivo y ahora muy bailable

Desde el 2002, cuando lanzaron al mercado Kolombian Jazz, muy pronto Puerto Candelaria se convirtió en uno de los referentes más notables de las nuevas generaciones de músicos colombianos que, a pesar de tener frente a ellos un panorama bastante desolador, le apostaban al jazz en coordenadas colombianas. 

Ya han pasado más de 9 años desde que al pianista y compositor Juancho Valencia se le ocurrió darle vida a un lugar imaginario donde no existieran fronteras musicales de ningún tipo. Ese lugar (excéntrico, colorido, introspectivo y ahora muy bailable) se llamó Puerto Candelaria.

Hoy la banda es más que una agrupación. Es empresa y concepto; es sonido propio que va y viene por el mundo mostrando un plato fuerte donde el jazz, por fortuna, no se piensa desde lugares comunes sino que se diluye entre otras músicas como el porro pelayero, la cumbia, el rock, el ska, algunos coqueteos con el punk, la música andina y el conocido chucu- chucu o raspa. Y es que en Puerto Candelaria, a pesar de que sus integrantes se han tomado muy en serio eso de que se puede vivir de la música, también han aprendido a "mamar gallo", a desacralizar la seriedad del jazz y las músicas andinas, imprimiéndole mucho humor.

Cargados de una irreverencia sutil e inteligente (donde logran, también, hacer conciencia crítica de la absurda realidad colombiana) los integrantes de Puerto Candelaria, luego del inusitado éxito que han logrado no sólo en tierras colombianas sino fuera de ellas, regresan al ruedo con Vuelta Canela, un disco muy variado, pensado para que el público pueda disfrutar una tremenda descarga en la cual el chucu- chucu, la cumbia y el vallenato se muestran como géneros populares dignos de ser tenidos en cuenta en otros contextos más "serios" y "elevados".

Y es que, aun cuando desde los años setenta, éstos géneros se han visto relegados al último lugar del buen gusto por parte de puristas, críticos y melómanos, en Vuelta Canela toman un rumbo distinto sin que el sentimiento y la espontaneidad desaparezcan.

Es así como este disco puede pasar desde el humor implacable de "Muerta" (una raspa endiablada) hasta la densidad accesible de "La Corriente". Dentro de este amplio espectro también hay lugar para ejercicios sinfónicos como "Fábula", cumbias sicodélicas con pinceladas balcánicas, punkeras y minimalistas ("Vuelta Canela, "Cumbia para el final de los tiempos", "Cumbión botellón"), ska con "Sargento Remolacha" y vallenatos melancólicos como "Lo que no podemos decir".

Además, como para no dejar dudas de que Vuelta Canela es un disco inclasificable y algo controvertido, el oyente podrá encontrar, por un lado, parodias perspicaces de sonidos sabaneros y andinos ("Burro detenido", "Club Panamá) y, por otro, cortes que detrás de su aparente sentido bailable dejan apreciar mensajes de alto contenido político como el caso de "Mono Loco", un virulento trabalenguas donde la infamia del poder es retratada sin pelos en la lengua.

Una ingeniería de sonido impecable (lograda en Merlín Studios Producciones) y un diseño gráfico de alta factura acompañan esta grabación realizada por un colectivo de artistas que, ante todo, andan por el mundo emitiendo buena onda.

"Vuelta Canela", editado por MTM en la serie Nuevas Músicas Colombianas (NMC), estará acompañado por la reedición de Kolombian Jazz (2002) y Llegó la Banda (2006).

Puerto Candelaria:

Juancho Valencia: Dirección, composición, arreglos piano y acordeón. José Tobón: saxofón soprano, saxofón tenor y clarinete. Eduardo González: voz, bajo y contrabajo. Cristian Ríos: trombón. Juan Guillermo "Cosito" Aguilar: percusión (koseta), tambor alegre y caja vallenata. Carlos Didier Martínez: percusión (guafeta).

 

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